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El Eco de Heráclito

Actualizado: 8 dic 2022

Viajamos en busca del eco de las palabras de Heráclito; desde Alicante a Estambul y Esmirna por aire y luego por carretera hasta Éfeso, uno de nuestros destinos soñados en Turquía.


El plan era sumergirnos en la belleza del lugar para percibir los ecos de las palabras de Heráclito y de otros filósofos pertenecientes a la Escuela jónica de Éfeso durante los siglos VI y V antes de nuestra era.


Para los que madrugan

Y para ello, elegimos a la biblioteca de Celso que fue construida hace dos mil años para almacenar la sabiduría en sus rollos y además servir como tumba para Tiberio Julio Celso. Un edificio monumental de planta única, orientado hacia el este, para beneficiar a los lectores madrugones, como había establecido Vitrubio.

Heráclito consideraba al fuego como el principio del Universo, con un mundo que fluye de forma permanente, en el que todo está en constante movimiento (Panta rei o tesis del flujo universal de los seres) y lleva a un extremo la doctrina jónica de los opuestos, considerando que la contradicción y la discordia están en el origen de todas las cosas y que es la contradicción la que finalmente genera armonía bajo una ley única que rige el universo, que todo lo unifica y orienta, y que se halla presente en las cosas y en la mente del hombre. Todo este fluir está regido por esta ley a la que denomina Logos y que no sólo rige el devenir del mundo, sino que le brinda señales o signos al hombre que no sólo debe percibir con sus sentidos sino también con su inteligencia, alimentando siempre una actitud crítica e indagadora.


Un cuento oriental

Apasionados en la búsqueda de los encuadres y contrapuntos que reflejaran fielmente la belleza incomparable del lugar, nos vino a la mente un relato tradicional de la sabiduría oriental, frente a la biblioteca y las puertas que los esclavos Mazeo y Mitriades construyeron en honor del emperador romano Augusto.

Era un día de sol abrasador. Un monje pasó junto a una gran obra en construcción. Allí todos estaban deslomándose y sudando, transportando piedras de un lado para otro. Se acercó a uno de los hombres y preguntó lo que estaba haciendo. El hombre, de malos modos le respondió: -¿Es que no lo ves? Me estoy partiendo la espalda a base de mover piedras.
Así que el monje se alejó y fue a hacerle la misma pregunta a otro trabajador. Éste tenía una actitud diferente al anterior; miró las piedras que llevaba en sus manos y le dijo: -Estoy levantando un muro.
Luego, el monje fue a preguntar a un tercer hombre, uno que tenía el gesto amable. Éste dejó en el suelo las piedras que llevaba, alzó la vista, se secó el sudor de la frente y con el mayor orgullo le respondió: -¿Qué estoy haciendo? Estoy construyendo un templo.

El relato nos recuerda la importancia de la actitud con la que enfrentamos la vida. Mientras que el primer hombre sólo ve a su trabajo como un castigo que se le impone, el segundo se limita a ser útil, con una actitud que se mantiene a la altura de su oficio. Por el contrario el tercer hombre es el que sabe que todas esas piedras y cada gota de sudor, se van a convertir en un templo. Sabe que cada uno de sus movimientos es valioso y su papel no se limita a ser útil sino que enlaza con su sueño de estar construyendo un templo, lo que hace de él un individuo fuera de lo común. Justo cuando se agota la tarde, es el eco de Éfeso el que nos inunda con algunas de las ideas de Heráclito...

En los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos. El Alma se tiñe del color de nuestros pensamientos y somos nosotros mismos los que elegimos el contenido de nuestro carácter. Día a día, lo que pensamos, lo que elegimos y hacemos, es en lo que nos convertiremos. Nuestra integridad es nuestro destino, es la luz que guía nuestro camino.

Es entonces cuando comprendimos que habíamos encontrado lo que estábamos buscando.

Las Delicias de Bottarga Restaurant

En Kuşadası, Provincia de Aydin, a 16 kilómetros de las ruinas de Éfeso y su maravilloso Museo, visitamos el restaurante Bottarga, un establecimiento familiar que hace culto a la tradición milenaria de las salazones de pescado y elabora unos platos deliciosos con una hueva de mújol al punto de sal, la bottarga de hueva de mújol rallada y unos lomos de bonito salados a la plancha con alcaparras, cebolla lila y especias que estaban fenomenales. Además, pasta, cangrejos, sushi y platos con frutos del mar por lo que seguramente volveremos en breve. Os dejamos unas fotos para que veáis la cocina de producto que realizan y que merece la pena saborear.





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